VIAJAR SOLA: LO QUE APRENDO

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Viajar sola es una de mis mayores satisfacciones porque me permite crecer, me enriquece como persona y me deja enseñanzas de vida. Mis dos semanas en Italia no fueron la excepción. Les comparto algunas.

1. Las cosas no siempre salen como  esperamos.  Viajar sola no es fácil porque entre otras cosas me aleja de mi zona de confort y me vuelve susceptible a muchas situaciones. Mi panorama cambio el día que aprendí a controlar mis expectativas dejando que todo sucediera naturalmente, y aunque no siempre es lo que hubieras querido que pasara, al final todas son grandes experiencias.

2. Comer sola. Aunque parezca mentira no es fácil hacerlo. Esta ocasión me force a dejar atrás  miedos antaños que me lo  impedían. Me di cuenta que no pasa nada. Un pequeño logro que me dió seguridad.

3. Es mejor tener buena “energía/vibra”. Me puse como meta sonreír y socializar más, lo que me ayudó a conocer gente. Es muy lindo poder ser tratada con cortesía por desconocidos. Como olvidar a mis meseros favoritos Alessandro y Giussepe. El primero me regalaba gelatos después de la comida o cena; con el segundo hablaba de arte, o Marco en el cafe Ducati de Roma que cada mañana me recibía con una sonrisa y me daba consejos de los lugares que debía visitar.

4. Preguntar. Viajar sola requiere mucha preparación. A veces por más lista sientas que estas te pierdes o confundes y yo por pena o ego no preguntaba. Esto provocaba confusión, retardos o dificultades en mis viajes. En este viaje lo pregunté todo sin miedo a las respuestas o a la falta de paciencia de los demás. El resultado: Fluir mejor en mi viaje.

5. Agradecer. Todos los días doy las gracias por los momentos buenos y malos. Reconozco que soy afortunada por tener salud, y poder viajar. Visitar Italia que vive una crísis económica y ver a tantas mujeres manejando un taxi o un autobús me confrontó, fue mi recordatorio de que en la vida a veces estamos bien, y otras veces nos toca enfrentar grandes dificultades para las que hay que estar preparadas.

6. Desarrollar paciencia. Mi vuelo de Roma a Madrid fue una pesadilla. Un vuelo de dos horas se convirtió en una experiencia de cinco horas. Lluvia antes de salir, fallas mecánicas en el avión, calor, humedad, vuelo lleno, todos los ingredientes para pasarla fatal. Estaba incómoda y perdiendo la paciencia. De pronto cerré los ojos, comencé a respirar y pensé: “es temporal, ya pasará”. Una señora sentanda a mi lado comenzó a platicar conmigo, y eso me distrajó de la situación. Al final todo  salió muy bien. Al viajar sola hay que aprender a desarrollar la paciencia pues se viven muchos difíciles en solitario.

Si nunca has viajado sola te invito a que lo intentes. No importa a dónde vayas, al final lo importante es crecer. Cada viaje deja algo en mi, pero se que yo también dejo algo de mi en cada sitio.

 

 

 

 

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